ARIANNE
Ver a Killian suplicando por su muerte a mis pies no me produjo ninguna satisfacción. Al contrario, me dio asco. El hombre que yo creía que era un héroe, el que supuestamente había arriesgado su vida para salvarme de los mercenarios hace siete años, no era más que un actor de reparto en una obra de teatro sangrienta.
—¿Matarte? —pregunté, mi voz resonando como el crujido de un glaciar—. La muerte es un honor que se le otorga a los guerreros caídos, Killian. Tú no eres un guerrero. Eres