La noche en la residencia militar era una tumba de silencio, interrumpida solo por el paso rítmico de los guardias en el pasillo. Bianca permanecía sentada en la oscuridad de su habitación, con la espalda apoyada contra la cama y el pequeño frasco de cristal brillando entre sus dedos. Era un anticoagulante potente, algo que había conseguido en los bajos fondos de la ciudad para otros fines, pero que ahora se convertía en su única arma.
"Si soy un banco de sangre, entonces este banco ha decidido