ELENA
El mundo se detuvo en el momento en que la mano de Alistair se cerró sobre mi cintura. El contraste entre mi ropa empapada y el calor de su palma atravesando la tela fina fue como un choque eléctrico. Por un segundo, olvidé cómo respirar. Estaba desafiante, sí, pero no estaba preparada para que él rompiera su propia regla de "distancia profesional" con tanta agresividad.
—Alistair… —su jé su nombre como una advertencia, pero mi voz me traicionó, sonando más como un suspiro que como una