El cuerpo de Víctor, ahora habitado por la mente de Marco, observaba las ruinas de la represa con una frialdad mecánica. Elena sostenía a la niña, a quien en su delirio y conexión con el cuarzo, los lugareños y los Reflejos habían empezado a llamar Moa (un nombre antiguo que significa "Madre" o "Ancla" en lenguas olvidadas), pues ella había sido el origen del nuevo despertar.
El Despertar de Moa (Parte 1)
Elena acunaba a la niña cuando sus ojos se abrieron de golpe. Ya no eran azules, ni dorado