El primer día en la Manada Luna de Plata se sintió como un sueño. Después del vuelo, mi padre Rian me llevó al castillo de piedra y madera, donde las paredes estaban adornadas con cuerdas de lobo y escudos con el símbolo de la luna plateada. Mi habitación era más grande que la de casa: tenía una cama de dos plazas con sábanas de terciopelo negro, una mesita con una lámpara de bronce y una ventana que daba al bosque. Leo, el Beta, me ayudó a desempacar, mientras Rian hablaba con otros lobos del