Dos semanas después de descubrir el diario de su abuelo adoptivo y recibir la amenaza anónima, Lila y Elián se preparaban para el viaje a la selva del norte de Aurora. Ana y Roberto se quedaron a cargo del centro de investigación y la empresa de los Reyes, mientras Umbral seguía rastreando los pasos de Javier, que seguía libre y en busca de la flor del sol negro. La mansión Cruz se había vuelto un punto de control, con guardias independientes vigilando cada entrada, pero la sensación de amenaza