Los preparativos de la boda empezaron de inmediato. Elena y Javier querían algo simple pero especial —en el parque de la universidad, con sus familiares y amigos más cercanos, y los niños de la Escuela San José como padrinos de honor.
Luna se convirtió en la dama de honor y se encargó de todo: de los flores, del pastel, de la música. Rosa, la madre de Javier, venía todos los fines de semana desde Santa Rosa para ayudar —le hizo a Elena el vestido de boda, un modelo simple de tela blanca con man