Veinte años después de aquella noche en Madrid donde el vínculo se rompió, Lila se encontraba en la Patagonia argentina, en el pueblo de El Calafate, acompañada de Lucía, Ana, Sofía, Alejandro y Elián. Habían venido para la inauguración del taller más austral del mundo, llevado a cabo por Mateo, el niño que años antes había dicho querer llevar el brillo a su pueblo. El espacio, diseñado por Lucía, estaba ubicado en una antigua estación ferroviaria rehabilitada, con paredes de piedra gris que co