El puente colgante se desplomó en las aguas turbulentas del río con un estruendo ensordecedor, arrastrando consigo los últimos restos de la esperanza que Sofía había mantenido hasta ese momento. Mientras los atacantes retrocedían gritando desde la orilla opuesta, ella se quedó de pie, temblando de frío y de tensión, con los ojos fijos en el humo que aún se elevaba desde el lugar de la emboscada.
Había perdido a Camila, había visto cómo la granada impactaba donde se encontraba el General, y ahor