El amanecer en San Judas no trajo luz, sino una niebla espesa que se arrastraba sobre el agua como un sudario. Sol caminaba hacia el muelle, y cada paso que daba se sentía diferente. Ya no sentía el cansancio en sus piernas ni el peso de la incertidumbre. El líquido negro de la Matriarca estaba quemando todo rastro de la modelo frágil que alguna vez fue, dejando solo la esencia pura de una mujer que reclama su lugar en el mundo.
Alex había intentado detenerla, pero Sol lo había mirado con esa n