—...dándose cuenta de que está despotricando delante de otro Alfa —concluye Mireya, bajando la cabeza en señal de disculpa—. Lo siento, Alfa Torvin. Debería haber guardado mis pensamientos. Estoy disgustada por mi Luna y amiga.
Sonrío, haciéndole saber con un gesto que está bien.
—No te preocupes, Mireya. Entiendo perfectamente tus sentimientos. Creeme cuando te digo que sé el dolor que sufre tu Luna. No se lo deseo a nadie. Ella te estará agradecida por estar ahí para ella en este momento tan