El rugido de las hélices del helicóptero se filtraba a través de las paredes de cristal, haciendo vibrar el aire dentro de la residencia. Las luces de emergencia, de un rojo pulsante, bañaban las curvas de Sol, dándole un aspecto de deidad de la guerra. Ya no era la mujer que esperaba ser rescatada; ahora era la dueña del campo de batalla.
—Alex, el helipuerto está en la azotea, pero Luciano no va a entrar por arriba —dijo Sol, su voz cortando el estruendo con una calma sobrenatural—. Va a entr