El joven entrecerró su mirada hacia el aparato, cambiando de súbito la mueca. Se enderezó lentamente mientras ella hablaba.
—Milagrosamente fui yo quien lo vio. No pensé que podría hacerlo, pero logré capturarte con esa chica allí escondida. ¿Cómo se te ocurre meter a una mujer a la garita? ¿Te has vuelto loco? ¿A caso no hay suficientes hoteles en Albany? ¡Qué asco y que poco ético!
El joven la miraba con mucha palidez y desconcierto, también molestia y dureza.
—¿Al menos aún sigues con ella?