Sofía no se fue. Invirtió su tiempo en investigar todo lo que pudo a través de las redes sociales, Internet o referentes, sobre los dos hombres que parecían ser grandes enemigos. Uno de esos hombres se trataba del padre de su hijo, aquel amante fugaz que tuvo cuando más jovencita y que la abandonó desde un principio. El otro era quien la salvó de aquel, y de una vida miserable también; el mismo que empleaba lo que al parecer estaba a su alcance para alejarla.
Ella no era tonta. Se definía como