Sofía corrió con mucha emoción hacia su habitación dentro de la casita que Larry le alquiló para poder calmar sus nervios sin que su hijo la viera.
Se sentía como una adolescente. Esa tarde no seguiría contemplando la casita como cada vez hacía, sin dejar de sentirse impresionada por vivir en un lugar tan bonito.
Estuvo presente en las tareas de su hijo, pero no encontraba una manera de rechazar la cena que estaba segura Larry y su esposa Fabiola le propondrían.
Llamó a su hermana y le pidió co