Sofía miró hacia su izquierda y de se detuvo en seco.
—Hola, Liam. Es un placer —dijo el apuesto hombre detrás del volante de una lujosa camioneta negra, el vidrio el copiloto abajo para hablarles, una tenue sonrisa acompañó al saludo.
Sofía no se movió, sintió como si la piel se le congelara en el acto.
—¿Mamá? Mamá, ¿quién es él?
Ella miró a su pequeño y sintió el motor del vehículo apagarse, una puerta abrirse y cerrarse. Como si la suela de sus zapatos se hubiese amalgamado con el suelo, el