—Francesca, vamos a mi habitación —le pide, intentando no ser tan duro con ella, pero ni siquiera la ayuda a levantarse, solo toma distancia y se marcha. Eso la deja atónita, no es el Leonardo de antes, que la ayudaba, la cargaba entre sus brazos. Eso la tiene pensativa, y al llegar a la habitación, lo primero que él hace es servirse un trago de whisky y asomarse a la ventana.
—Cariño —susurra Francesca, observando la espalda ancha de Di Napoli. Sabe que él está tenso y luchando con sus demoni