—¿Sabes a quién te estás refiriendo, infeliz?— Velazquez lo mira con desdén.
—Por supuesto que sí —Alexander sonríe lleno de maldad y, lo peor, se ve más guapo así—. Con una agenda mediocre, que en vez de estar atrapando a los malos, pierde su tiempo buscando culpables inocentes.
La mujer sonríe maliciosa y lo mira directamente a los ojos. —Soy más que un agente, señor Di Napoli —habla con firmeza—. La futura directora, donde tendré el mayor control, y créame, disfruto perdiendo mi tiempo —d