PRIMERA PARTE: LA CAJA ENTERRADA
La noche había cerrado sobre el claro como una boca que se tragaba cualquier resto de luz. La fogata crepitaba débilmente, sus llamas pequeñas y perezosas, como si también ellas estuvieran agotadas después de lo ocurrido. Las tiendas permanecían en silencio. La tienda grande, donde estaban encerradas las chicas, se veía a lo lejos, con una tenue luz de linterna en su interior. Diego seguía sentado frente a ella, vigilando, su silueta recortada contra la oscurida