Thor subió las escaleras en silencio. Cada paso resonaba en el pasillo como un recordatorio de todo lo que estaba ocurriendo, de todo lo que estaba por venir. Al llegar a la habitación, encontró a Celina ya dormida, envuelta en las sábanas blancas, el rostro sereno bajo la luz tenue de la lámpara.
Se quedó allí, detenido en la puerta, observándola.
El pecho le apretaba. El deseo de acostarse a su lado, de olvidar todo y simplemente sentir… era casi irresistible. Pero no podía. No de esa manera.