Celina lloraba, las manos temblorosas sobre el vientre.
— Estoy cansada, Tati. Tan cansada. Solo quería paz, ¿sabes?
Tatiana intentó mantener la voz serena, acogedora.
— Tienes dos opciones, Cê… seguir con él, con paciencia, o seguir sola. Como querías al principio. No hay un camino correcto o equivocado. Solo existe lo que necesitas ahora. Y lo que necesitan tus bebés.
Celina sorbió por la nariz.
— Es que yo… yo lo quiero, Tati. Tú, más que nadie, sabes cuánto luché contra este sentimiento. Pe