Fernando cerró la puerta lentamente, mirando a Thor con el ceño fruncido.
— Hermano… ¿qué pasó?
Thor soltó un largo suspiro, se pasó la mano por el rostro y se dejó caer en la silla.
— Nada.
— ¿Nada, eh? Estás pálido, con la mandíbula tensa y la mirada de un león enjaulado. Yo te conozco, Thor. Nunca te vi así por ninguna mujer.
— Celos. Míos. Y ella no los acepta.
— ¿Y te sorprende? —Fernando sonrió de lado—. Tú, el tipo más cerrado que conozco, ahora perdiendo la cabeza por una mujer.
— Ella