La carretera se extendía ante Felipe e Isabela como una línea infinita sobre el asfalto. El cielo comenzaba a teñirse de tonos anaranjados, el sol se hundía en el horizonte y en el aire flotaba la sensación de que algo grande estaba por suceder. Dentro del coche, Isabela miraba por la ventana, intentando descifrar el destino de aquel viaje silencioso. El viento golpeaba el cristal, la radio estaba apagada y el único sonido era el del motor constante.
Frunció el ceño, la inquietud creciendo dent