En un impulso casi inconsciente, Thor atrajo a Celina hacia sí, pegando su cuerpo al de ella, como si solo así pudiera respirar en paz.
Celina se despertó asustada. Lo miró, confundida, con los ojos aún pesados por el sueño. Sus rostros estaban demasiado cerca. El silencio entre ellos, demasiado intenso.
Abrió la boca para preguntarle algo.
—¿Thor? —La voz de Celina sonó baja, ronca por el sueño y la sorpresa.
Sus ojos, aún algo perdidos, lo encontraron en la oscuridad. La habitación estaba