Había pasado una semana desde aquella madrugada intensa entre Zoe y Arthur, pero ella no lo había buscado. Por más que algo dentro de ella gritara por su presencia, su orgullo y las heridas abiertas seguían pesando más. Zoe se sentía en guerra consigo misma. La nostalgia venía en oleadas, sobre todo cuando sus manos, por instinto, acariciaban la todavía discreta curva de su vientre, recordándole el hijo que llevaba dentro.
Aunque le había pedido espacio, Arthur no había pasado un solo día sin e