A la mañana siguiente, el sol aún no había alcanzado del todo los jardines de la mansión Miller, pero dentro del dormitorio ya comenzaba a despertar un gesto de ternura. Thor se sentó con suavidad al borde de la cama, donde Celina dormía profundamente junto a sus dos hijas. Las bebés estaban acurrucadas entre mantas suaves, con rostros serenos, completamente entregadas al sueño.
Con cuidado, Thor se inclinó y fue repartiendo besos delicados por el rostro de Celina. Sus labios rozaban cada rasgo