Thor deslizaba los dedos por las blondas de la lencería, contemplando cada centímetro del cuerpo de Celina con devoción. Nada era apresurado. Todo resultaba reverente, intenso, íntimo.
Él era al mismo tiempo fuerte y delicado, atrevido y cuidadoso. Sus caricias ardían, pero protegían. Sus besos eran profundos, pero llenos de respeto. La conocía, sabía dónde tocarla, cómo hacerla sentir bella incluso embarazada, cómo hacerla sentirse la única mujer del mundo.
—Eres la visión más hermosa que he t