Mientras él preparaba una pasta sencilla con salsa blanca improvisada, Celina se fue soltando cada vez más. La conversación ganaba ligereza, las risas se mezclaban con el sonido del agua hirviendo y del ajo dorándose en la sartén. Ni siquiera recordaba la última vez que había reído así. Se sentía acogida, segura, viva.
—Atención, señora embarazada y emocionalmente renovada —anunció Gabriel, colocando los platos en la mesa—. Su cena está servida. No es de cinco estrellas, pero está hecha con car