Celina se sentó junto a Gabriel. Entonces él comenzó a hablar:
—Sé que vas a decir que estás bien... pero no lo estás, ¿verdad? —empezó, con esa voz suave y acogedora que parecía envolverla.
Celina esbozó una sonrisa débil, con la mirada fija en el suelo.
—No estoy llorando por él. No se trata de él. Es solo que... es demasiado.
Gabriel asintió, comprensivo.
—No dije que fuera por él. Pero tampoco puedes ocultar que algo dentro de ti todavía se mueve cuando se trata de él, Celi. Es normal, todo