LUIS MUY EBRIO.
No sé a qué horas de la madrugada, estaba acostada, no podía dormir, si bien es cierto, me sentía agotada, la misma angustia de no saber que iba a suceder y cuando volvería a ver a mi familia, me tenía desvelada, se abrió de golpe la puerta de la habitación, encendí la luz de la lámpara de la mesita de noche, casi que de manera inmediata.
-Maldita perra, has arruinado mi vida para siempre, lo que mereces es que te meta un tiro en la cabeza y acabar ya con esta mierda de vida que llevo, gritaba