Capítulo 8. El rastro del delito.
Un rayo de sol siciliano le dio directo en la cara.
Renzo gruñó y se tapó los ojos con el antebrazo. Le dolía la cabeza. Le dolía la espalda. Y tenía la boca seca como el desierto.
Estiró el brazo izquierdo buscando calor.
Tocó sábanas frías.
Abrió un ojo despacio. La cama inmensa estaba vacía. Las sábanas blancas estaban revueltas y arrugadas. En la almohada de al lado solo quedaba una hendidura.
Renzo se sentó de golpe. El mundo le dio una vuelta rápida.
Miró a su alrededor. No había rastro d