Capítulo 64. La limpieza la hago yo.
Los ojos oscuros de ella se fijaron en la pistola negra en la mano de Renzo. Luego subieron por su brazo musculoso, por su pecho ancho, hasta chocar directamente con su mirada letal.
Valentina no retrocedió. No se asustó por el arma cargada. No le pidió calma.
Ella bajó los brazos. Descruzó las manos de su pecho. Caminó hacia él.
Acortó los cinco metros de distancia con pasos seguros. El vestido le rozó las rodillas.
Se detuvo a un palmo del cuerpo inmenso de Renzo.
Levantó la mano derecha. No