Capítulo 62. Inicio del caos.
El camino de grava blanca que conducía a la mansión de los Thompson crujía bajo los neumáticos desgastados de la vieja Ford como si fueran huesos rompiéndose.
La cabina olía a aceite quemado, a polvo viejo y al sudor frío que le bajaba a Diana por la espalda.
No había vuelta atrás.
Diana conducía despacio, con las luces largas encendidas, tal como lo haría alguien que se rinde. Sus manos apretaban el volante con tanta fuerza que le dolían las articulaciones.
Cada segundo se estiraba, intermin