Capítulo 61. Acceso denegado.
El reloj plateado en la pared blanca de la oficina marcó las ocho en punto de la noche.
Faltaban sesenta minutos exactos para la reunión obligatoria de la junta directiva.
Valentina estaba sentada frente al escritorio grueso de caoba. Su espalda estaba completamente recta. No apoyó su peso en el respaldo de la silla de cuero negro. Sus ojos oscuros estaban fijos en los dos monitores gigantes frente a su rostro.
Sus manos no se detuvieron ni un solo segundo.
Sus dedos golpearon las teclas de plá