Capítulo 37. Si mi hijo no sale, yo tampoco quiero salir.
Diana sintió que las náuseas le subían por la garganta, pero las tragó con un trago de bilis pura. La imagen de su bebé en manos de ese monstruo quemó el último rastro de miedo que quedaba en su sistema, dejando solo una fría determinación asesina.
—Él no es un Thompson. Es un Parker —declaró ella con firmeza. —¿Cuándo llegamos?
—Aterrizamos en la pista privada de Palermo en veinte minutos —dijo Renzo—. Allí tengo preparado un equipo de asalto acuático. Una lancha interceptora clase Stealth. L