Capítulo 34. Diana no lo hará.
Mientras tanto, en la zona principal de la nave, Renzo cerró la puerta de la celda con un clac metálico definitivo. Se aseguró de que Clara estuviera esposada a la mesa de metal atornillada al suelo.
—Ponte cómoda, princesa —le había dicho—. El servicio de habitaciones tardará un rato.
Ahora, caminaba hacia la mesa de trabajo donde Val estaba sentada, balanceando las piernas y tratando de no tocarse la herida abierta en la ceja.
Renzo se lavó las manos con alcohol en gel y se puso un par de gua