Capítulo 33. El búnker.
La camioneta blindada se detuvo con un chirrido de frenos sobre el suelo de hormigón pulido. No estaban en un hospital, ni en un ático de lujo. Estaban en las entrañas de una antigua fábrica textil en la zona industrial abandonada de la ciudad, una propiedad que no figuraba en ningún registro oficial de Carusso Enterprises.
Era un búnker. Paredes de ladrillo desnudo, luces fluorescentes que zumbaban con un tono clínico y un olor persistente a polvo y aceite de motor.
—¡Todo el mundo fuera! —ord