Capítulo 21. La burbuja de cristal.
El olor a aceite de almendras seguía flotando en el aire frío del camarote.
Valentina abrió los ojos. La luz del sol entraba a raudales por el ojo de buey. Estiró la pierna derecha bajo las sábanas grises. El músculo estaba relajado. El dolor de la madrugada había desaparecido por completo gracias a las manos de Renzo.
Pero el dolor en el pecho seguía ahí. Intacto. Letal.
Miró el lado izquierdo de la cama inmensa. Estaba vacío. Las sábanas estaban revueltas, pero frías. Renzo ya se había levant