Capítulo 20. El límite del dolor.
Esa misma noche, la realidad les cobró la factura.
Eran las tres de la madrugada. El aire acondicionado del camarote estaba al máximo. El frío húmedo del mar se colaba por las paredes del yate.
Valentina abrió los ojos de golpe en la oscuridad.
Un pinchazo agudo. Feroz. Le atravesó el muslo derecho. El músculo alrededor de la cicatriz de la bala se contrajo en un espasmo violento.
Valentina apretó los dientes. Contuvo el grito en la garganta. El dolor era tan intenso que le sacó lágrimas de los