Capítulo 14. Sigue jugando.
—¡Diana!
El grito de Massimo resonó desde la planta alta a través del interfono.
Diana se secó las lágrimas rápidamente y subió las escaleras. No podía dejar que él notara nada. Tenía que ser la sirvienta invisible.
Entró en la habitación principal. Massimo estaba de pie junto a la ventana, dándole la espalda.
—¿Me llamó, señor? —preguntó ella, manteniendo la distancia.
—Acércate —ordenó él. Su voz era extraña. No estaba enojado, pero había una tensión vibrante en él.
Diana dio unos pasos.
—Más