Capítulo 13. La semilla de la discordia.
El doctor Ricci, un hombre bajito y nervioso que había atendido a la familia Carusso durante décadas, salió de la habitación de servicio secándose el sudor de la frente con un pañuelo de tela.
Clara lo esperaba en el pasillo, tamborileando las uñas acrílicas contra la pared, impaciente. Massimo estaba sentado en un sillón de terciopelo en el vestíbulo cercano, fingiendo estar perdido entre las sombras, con gafas oscuras cubriendo sus ojos. Pasando desapercibido.
—¿Y bien? —preguntó Clara en voz