Sebastian notó que ella ya tenía sus cinco cartas, así que sabía cuál era su mano. ¡Qué fría y astuta era!
Apartó la mirada de la de ella, pero sintió que lo observaba atentamente mientras tomaba su quinta y última carta.
¿Logró disimular su reacción? Creía que sí, pero cada músculo de su cuerpo se tensó por el esfuerzo de mantener las manos quietas y una expresión impasible. Después de todo, ¿con qué frecuencia se toma una carta que no solo te da una gran mano, sino una imbatible?
¡Imbatible!