Freya temblaba de rabia impotente. Quería acercarse a Travis y abofetearlo.
Fuerte. Podría haber sido hacía seis años. Sin haber aprendido nada mientras tanto. Estaba frente a Travis y él prácticamente la rechazaba.
Y, como antes, Freya temía desplomarse ante él, así que corrió hacia la puerta. Pero cuando intentó abrirla con las manos húmedas, se cerró de golpe, y gritó de sorpresa al sentir una presencia sólida y dura detrás de ella.
Se giró para encontrar su vista a la altura del ancho pecho