—Siempre y cuando gane, claro —añadió Sebastián, fingiendo que el resultado no era inevitable—. Si pierdo, sin duda devolveré mi sobre.
Sus ojos le lanzaron una mirada que él habría dado cualquier cosa por descifrar. Pero esa siempre había sido su habilidad: ocultarle la verdad cuando quería. Por eso nunca sabía cuándo estaba mintiendo o no.
—Entonces, consigamos el papel y los sobres —dijo secamente.
—Aún no me convence la idea —gruñó Charles.
—¿Por qué no? —replicó Sebastián encogiéndose de h