Cristian se dejó caer en el sofá al lado de Luz, soltando un suspiro teatral mientras se recostaba hacia atrás. Ella lo observó con una ceja arqueada, sosteniendo su taza de café.
—¿Por qué estás taaan cansado? —preguntó con ironía.
Cristian no respondió enseguida. En cambio, se acomodó con descaro, apoyando la cabeza sobre las piernas de Luz, mirándola con esa sonrisa de niño travieso que sabía exactamente cómo desarmarla.
—Bueno, muñequita… —dijo con voz perezosa—. Atrapamos a Vittorio. Así q