Tienen a Isabella.
El silencio cayó como un disparo.
Arthur apagó la música de inmediato.
Las parejas se separaron.
La calidez del salón se evaporó en un segundo.
Michelle estaba en el umbral, descompuesto.
El traje arrugado, la corbata suelta, los ojos rojos, la respiración errática.
No parecía un hombre… parecía un sobreviviente.
—¿Michelle? —dijo Luz, poniéndose de pie al ver su estado caminando hacia él. —. ¿Qué pasó?
Él tragó saliva.
Le temblaban las manos.
—Se la llevaron —dijo, con la voz rota.
Anna sintió un nudo en el estómago.
—¿A quién? —preguntó Lissandro.
Michelle levantó la vista.
Los ojos llenos de terror puro.
—A Isa… me quitaron a mi princesa, por favor, ayúdenme...
Agatha palideció de inmediato.
Dio un paso al frente.
—¿Isabella? —susurró—. ¿Mi Isa?
Michelle asintió, y ese gesto fue suficiente para que todo se rompiera.
—Estábamos en casa —continuó, caminando hacia el interior como si no pudiera sostenerse—. Había llegado cansada del hospital… se duchó, se puso el pijama… me estaba con