Anna se movía por el departamento como quien reconoce por fin un territorio propio: colocaba un vaso aquí, una planta allá, sonreía en silencio cuando un rayo de sol atravesaba la cortina. Era suya la rutina de preparar café, de elegir la taza que hacía juego con la mañana. Aquella mañana había quedado en verse con Lucía para un café y despejar las ideas; Lissandro, la abrazó desde atrás inhalando su aroma.
— ¿Dónde vas pequeña? ¿Por qué no estas en la cama conmigo ahora? — ella sonrió
— Quedé