Hoy empieza su nueva vida.
Arthur se detuvo en la puerta del departamento, ajustó la bufanda y tocó con firmeza. El timbre sonó dos veces y, a los pocos minutos, Luz abrió despacio, con el gesto aún somnoliento por la noche.
—Hola, Luz —saludó él, con calma—. ¿Cómo está Cristian?
Ella lo dejó entrar y cruzó los brazos, la molestia clara en el ceño.
—Mejor de lo que creía. Anoche se metió en mi cama mientras dormía.
Arthur dejó escapar una sonrisa corta, como si ya conociera la respuesta.
—Bueno, sabes muy bien cómo es; d