Planes al otro lado del oceano.
La mañana era tranquila, aunque el aire dentro del despacho pesaba como una tormenta contenida.
Los tres hombres estaban reunidos frente a la gran mesa de roble, rodeados de pantallas, mapas digitales y carpetas abiertas.
Lissandro, con la chaqueta doblada sobre la silla, observaba con atención los documentos que Galadriel le había entregado la noche anterior.
Joaquín revisaba los mapas en su laptop, y Leandro sostenía una taza de café, caminando de un lado a otro mientras analizaba los datos e