La cabaña estaba envuelta en un silencio íntimo, roto solo por el crepitar de la chimenea. Sobre la alfombra, cubiertos apenas por una manta, Anna descansaba sobre el pecho desnudo de Lissandro. Sus dedos dibujaban círculos suaves en su piel, mientras él la abrazaba con fuerza, besando de vez en cuando su frente y su cabello.
Los dos respiraban acompasados, como si el mundo hubiera desaparecido allá afuera.
Anna levantó la mirada, sus ojos brillando con amor y curiosidad.
—¿Por qué tu familia t